La meditación andando es una práctica maravillosa que nos ayuda a estar presentes en cada instante. Cada paso que damos conscientemente nos ayuda a ponernos en contacto con las maravillas de la vida que están aquí y ahora, disponibles en este preciso momento. Podemos coordinar nuestros pasos con nuestra respiración mientras caminamos con normalidad por la acera, un andén en la estación de tren o metro, la orilla de un río, un parque…. Realmente no importa donde estemos. Al inspirar podemos dar un paso y pensar: «He llegado; estoy en casa».
Al espirar, podrás dar tres pasos y seguir diciéndote a ti mismo: «He llegado; estoy en casa». Has llegado a tu verdadero hogar y las maravillas de la vida están aquí para ti; no necesitas vagar buscando otra cosa. Dejas de correr. En el zen, esto recibe el nombre de meditaci´no samatha, que significa «detenerse». Cuando te detienes, tus padres, tus abuelos y todos tus ancestros también se detienen. Cuando eres capaz de dar un paso como persona libre, todos tus ancestros, presentes en cada célula de tu cuerpo, también caminan en libertad. Si eres capaz de dejar de correr y caminar libremente, expresas el amor, la felicidad y la devoción más concretos e intensos a tus padres y a todos tus ancestros.
Este poema de meditación contribuirá a que habites con solidez el instante presente. Concéntrate en estas palabras y serás capaz de establecer tu presencia firmemente en el presente; al igual que cuando subes unas escaleras agarrándote a la barandilla, nunca te caerás.

