Una compañera comparte esta reflexión:
«Hace días le había escrito a un compañero un mensaje con ideas interesantes y querría saber lo que opinaba…No llegaba ninguna respuesta…..
Me pregunté: ¿Qué puedo hacer para que me conteste? ¿Cómo me podría comunicar para que me conteste? ¿Por facebook, por e-mail, tal vez un whatsApp….?? Estoy esperando una respuesta, una opinión….
Llega el momento de meditar.
Me siento, junto con otros.
Es una meditación guiada, y en algún momento se nos invita a visualizar un árbol, sentir la corteza de su tronco… Conecto.
Toco la corteza con las manos de mi mente, el tronco…
Vivo la experiencia.
Y me comunico con el árbol, con su estabilidad, su quietud, su silencio, su paciencia….
Un día el árbol tal vez tendrá la visita de una ardilla, otro día de un pájaro, o sus ramas protegerán a una bandada entera de aves….
El sigue, silencioso y estable, siendo quien es.
Siento alegría y alivio. Siento la magia de la paciencia, de no insistir, no empujar, no querer manipular a los demás según mis esquemas y hábitos.
Saboreo la alegría de dejar que las personas a mi alrededor sean libres, que tengan espacio para hacer lo que desean hacer en el momento en el que elijan. Y entonces a la respuesta a mi mensaje le daré la bienvenida en el momento en el que llega. Espera, crea espacios….
¡Gracias, árbol! Gracias a ti estoy abriendo mi mente y mi corazón, estoy aprendiendo a acoger lo que la vida me ofrece en cada momento. A abrirme a la magia de lo inesperado.
Gracias, compañero, por no contestar mi mensaje enseguida!
La vida se encarga a que las respuestas lleguen.
