Comer es también practicar la meditación. Tratamos de estar presentes durante toda la comida. De hecho, podemos empezar a hacerlo desde el momento en que nos servimos. Al hacerlo, podemos ver todos los elementos que han participado para que sea posible esta comida: la lluvia, la luz del sol, la tierra, el aire, el amor. A través de esta comida podemos ver que todo el universo nos ayuda a existir.
El Buda y nuestros ancestros espirituales nos invitan a comer con plena conciencia, tanto de los alimentos, como de la comunidad de práctica que nos acompaña. Tratamos de no dejarnos llevar por pensamientos sobre el futuro o el pasado mientras comemos, y procuramos hacerlo de tal modo que la alegría, la paz, y la libertad sean posibles durante la comida.
Cada vez que tomamos alimento del plato, podemos dejar el cubierto apoyado en él, y centrarnos en saborear y disfrutar de ese bocado.
Antes de comer, podemos invitar la campana 3 veces, y recitar después las 5 contemplaciones, disfrutando de nuestra respiración y de la tranquilidad que nos ofrece el parar, mientras lo hacemos.
Las 5 contemplaciones
1. Esta comida, fruto de la tierra, del cielo, y de mucho arduo trabajo y amor de innumerables seres vivos, es un regalo del universo entero.
2. Comamos con plena conciencia y gratitud, de manera que seamos dignos de recibirla.
3. Que podamos reconocer y transformar nuestros estados mentales negativos, en especial la gula y la avaricia, y que aprendamos a comer con moderación.
4. Mantengamos viva nuestra compasión, comiendo de tal manera que reduzcamos el sufrimiento de los seres vivos, preservemos nuestro planeta, y revirtamos el proceso de calentamiento global.
5. Aceptemos esta comida con el fin de practicar y hacer realidad el camino de la comprensión y del amor, de cultivar nuestra hermandad, de fortalecer nuestra Sangha, y de nutrir nuestro ideal de servir a todos los seres.